De veterinario a ....

Antonio Tejado es misionero Dehoniano de la diócesis de Ávila en Brasil. Aunque de pequeño quería ser veterinario porque amaba a los animales conocer a un sacerdote dio un vuelco a su vida, hasta el punto de pedir a Dios en sus oraciones que le concediera ser sacerdote para poder seguir a Jesús.  Hoy es misionero en un barrio periférico en Francia donde trabaja en la pastoral parroquial para acercar a sus habitantes de nuevo a Dios.



De niño quería ser veterinario, tanto era mi amor por los animales. También me encantaba leer, todos los días iba la biblioteca del pueblo, por lo menos una hora antes de juguetear con los demás niños en la plaza. El amor de la lectura lo debo a mi madre a quien debo también la fe que me hizo saberme siempre acompañado de Dios. Recuerdo que cuando era un niño y debía conducir las vacas al prado en las tardes oscuras de invierno, rezaba mientras caminaba, convencido que nada podía pasarme pues Jesús me acompañaba.

De pequeño fui monaguillo, y esto me ayudó a familiarizarme con la Biblia, memorizando pasajes que me habitaron siempre y a vivir el servicio a los demás como el servicio a Dios. Siempre me gustó jugar con los amigos, tomarme en serio los estudios y también escuchar a las personas con quien me encontraba. La escucha es la actitud del creyente: “Escucha Israel… amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón….”. Así se fraguó mi personalidad, desde mi infancia. Hoy, aunque estoy lejos de mi tierra y de mi familia, vivo felizmente mi misión de religioso y sacerdote, sabiendo que lo que me permitió llegar a ser lo que soy, estará muy presente en mi oración y en mi consagración siempre.

Jesús nos llama para seguirle, y siempre lo hace a través de las personas que nos quieren. De niño escuché su llamada gracias a las pequeñas historias sobre la vida de Jesús que, con pasión, mi madre me contaba. Esta escucha se reforzaba viendo a mi madre ser alegre y acogedora, dispuesta siempre a ayudar a quien de ella tenía necesidad. Para mí era muy importante que su oración acompañara mi oración. A través del corazón sencillo y de oro de mi madre, Jesús me llamaba para que le siguiera. Mi madre acompañó el despertar de mi vocación, alimentándolo de su oración y apoyo en todo momento. La llamada de Jesús para seguirle, tomo cuerpo con la llegada al pueblo de don Boni, un nuevo sacerdote. Su juventud, simpatía, sencillez y abertura; la manera que tenía de hablar con todos, de vivir en medio de nosotros, como uno más, con la misión de hacernos descubrir la ternura de Dios. Todo ello me hizo proyectar en mi vida futura, su vida presente. Hasta el punto de pedir a Dios en mi oración de hacer de mí un sacerdote para poder seguir a Jesús.

Mi misión continúa siendo la de vivir mi vida como un don recibido y una ofrenda a los demás; la de ser testigo de la ternura de Dios por cada una de sus criaturas, particularmente por los más pequeños.


Lo que soñé entoncesLo vivo hoy: El seguimiento de Jesús de Nazaret.
Lo que vivo hoy,espero que siempre me haga soñar.




Etiquetas:

0 comentarios