Quería ser sacerdote...

Joan Arbona dejó su Palma de Mallorca natal para ser misionero de los Sagrados Corazones en Argentina hoy puede decir que su sueño de niño de ser sacerdote se ha cumplido.



De niño tuvo una infancia feliz creciendo en el seno de una familia humilde dedicada al comercio de frutas. De niño participaba en la catequesis de Acción Católica. En aquellos años se estaba construyendo el nuevo seminario diocesano y por ser el "presidente" de los "benjamines" de A.C. tuve que dirigir unas palabra al señor Obispo al entregarle un sobre para ayudar a construir el Seminario, me preguntó que quería ser de mayor, y ni corto ni perezoso, le respondí sacerdote. Cuando comunique a mi familia lo que había pasado y la respuesta dada mi mamá no quedó muy contenta. Fueron pasando los años y la idea de ser sacerdote seguía en mi mente y en mi corazón. También llegaron las dudas, si esto sería lo mío. Si me haría feliz... en casa me seguían sin decirme nada ni en favor ni en contra.

Cuando terminé 4º de bachiller ya tenía muy claro que quería ser misionero de los Sagrados Corazones pero tuve que esperar varios años para entrar en el seminario. Tras largos años de preparación fui ordenado sacerdote en 1970. Y cuatro años después llego mi primer destino misionero en la República Dominicana. Tras este destino llegaron otros en Argentina, Buenos Aires, Río Negro, y por fin la Patagonia. La vida del misionero aquí no es fácil son grandes extensiones de terreno, con pocos habitantes, las comunidades distan más de 100 km unas de otras y las carreteras son de tierra. Pero desde luego es una gracia poder enseñar el Evangelio a tantas gentes.

Ahora ya mayor, soy el "abuelito" de comunidad, ejerzo mi labor junto a mis jóvenes compañeros  y mi misión es estar haciendo presencia. Haciendo puente entre las vocaciones jóvenes , escuchando acompañando... No me falta ilusión y sirvo todo lo que puedo.

El sueño se hizo realidad, se hace realidad todos los días. Intentamos hacer vida el mandato de Jesús: "Vayan y anuncien la Buena Nueva del Evangelio a TODAS las gentes"...




A todos los niños y niñas de Infancia Misionera les pido que no se hagan los sordos a la voz de Jesús que les llama. Cuando uno es niño o joven tienen que soñar mucho y si lo hacen realidad será un sigo de felicidad.
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