Queridos Reyes Magos:

Os escribo porque quizás no soy muy consciente de si he sido bueno o malo. Por eso os quiero pedir para este año que comienza que me traigáis unas manos. Pero no unas manos cerradas como puños por el egoísmo, sino abiertas a los demás, a la generosidad, a la ayuda, al servicio, a la entrega al otro.

También quiero, si no es mucho pedir, que me ofrezcáis unos ojos, pero no ciegos a la realidad, sino abiertos a lo que ocurre a mi alrededor; dos luceros que no me permitan pasar de largo ante el mendigo que pide; ante el necesitado que reclama mi atención, mi cariño, mi sola presencia; ante el que sufre; ante el que busca refugio y algo de dignidad.

Tal vez os parezca mucho ya solicitaros tres cosas. Pero también quiero que me deis una boca que no solo me sirva para comer, sino que por ella salga la voz que reclame justicia para el que no la tiene, libertad para el que se la han arrebatado, amor para el que lo necesite y perdón para quien lo pide. 

¡Basta ya! No quiero abusar de vuestra generosidad pidiéndoos más regalos. Pero si creéis que muchas de estos presentes ya me las habéis puesto, quizás necesite algo de corazón y de memoria que me recuerden para qué los tengo.


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