El camino para la paz

En su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, el Santo Padre Francisco, nos invita a vivir como hermanos, redescubriendo la fraternidad fundada en Dios Padre. El Papa propone esta fraternidad como respuesta a algunos de los principales problemas que afligen a la humanidad. La fraternidad es camino para la paz; premisa para vencer la pobreza y desarrollar una economía solidaria; extinguir la guerra; luchar contra la corrupción y el crimen organizado y proteger la naturaleza.



“La fraternidad está enraizada en la paternidad de Dios. No se trata de una paternidad genérica, indiferenciada e históricamente ineficaz, sino de un amor personal, puntual y extraordinariamente concreto de Dios por cada ser humano. Una paternidad, por tanto, que genera eficazmente fraternidad, porque el amor de Dios, cuando es acogido, se convierte en el agente más asombroso de transformación de la existencia y de las relaciones con los otros, abriendo a los hombres a la solidaridad y a la reciprocidad”.
Lejos de un vago e impreciso amor a la humanidad, el Papa nos invita a redescubrir en nuestro Padre común, la verdadera raíz de la fraternidad entre los hombres.

Además, el Santo Padre recuerda a los cristianos que “la fraternidad humana ha sido regenerada en y por Jesucristo con su muerte y resurrección” y añade que “sólo en Cristo, podremos dejar de ver al otro como un extraño, e incluso como “un contrincante o un enemigo” para aceptarlo y amarlo “como hijo o hija de Dios, como hermano o hermana”.

Insistentemente, el Papa Francisco afirma que “en la familia de Dios, donde todos son hijos de un mismo Padre, y todos están injertados en Cristo, hijos en el Hijo, no hay “vidas descartables”. Todos gozan de igual e intangible dignidad. Todos son amados por Dios, todos han sido rescatados por la sangre de Cristo, muerto en cruz y resucitado por cada uno. Ésta es la razón por la que no podemos quedarnos indiferentes ante la suerte de los hermanos”.

En los cinco continentes, los misioneros viven esta realidad, considerando a cada hijo de Dios con el que se encuentran, un hermano con el que compartir la vida, sabedores de que “en la Iglesia somos miembros los unos de los otros, que todos nos necesitamos unos a otros, porque a cada uno de nosotros se nos ha dado una gracia según la medida del don de Cristo, para la utilidad común”.
El amor de Cristo y la gracia que nos concede para vivirlo “es la buena noticia que reclama de cada uno de nosotros un paso adelante, un ejercicio perenne de empatía, de escucha del sufrimiento y de la esperanza del otro, también del más alejado de mí, poniéndonos en marcha por el camino exigente de aquel amor que se entrega y se gasta gratuitamente por el bien de cada hermano y hermana”.

Para leer el texto completo del Mensaje del Santo Padre pincha aquí


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