Noche de pastores y ángeles

La noche de Navidad hubo revuelo de ángeles en el cielo. Se iba a producir en la tierra el acontecimiento más importante de toda su historia: ¿Cuál?



Ya os lo imagináis: “el nacimiento de Jesús”. Allí ya sabían que eso iba a pasar. Pero también suponían –y suponían bien-, que habría que anunciárselo a los hombres y mujeres del mundo entero y eso debería hacerlo algún ángel, que para eso estaban.

-¿Y qué ángel? ¡Ah!-. Todos querían ser ellos. Los ángeles pequeños consideraban que les correspondía a ellos anunciarlo porque Jesús era un bebé muy pequeño. Pero los ángeles jóvenes pensaban que ellos tenían más méritos y mucha más experiencia.

Por fin Dios Padre escogió uno sólo que casi se desmaya al saberse elegido. Se enteró bien de a quiénes tenía que avisar primero y voló a Belén. Llegada la medianoche se plantó ante los pastores, conforme a las órdenes recibidas. Estaban todos dormidos, menos los tres del turno de medianoche que ocupaban el tiempo contándose historias. De pronto los tres notaron tanta luz que pensaron que amanecía. Era el ángel elegido, claro.

-Que no se asuste nadie, les dijo, pero preparaos que os voy a dar una noticia que es la bomba: “Os ha nacido el Mesías, el Señor; y lo vais a encontrar enseguida porque está en el redil que dejasteis vacío no hace mucho en las afueras. Allí está con María su madre, y con José.

Se daban golpes en la frente y se frotaban los ojos los tres, porque no podían creérselo; pero sí, tenían un ángel de cara divertida delante de ellos que les invitaba a que no se quedasen pasmados y que avisasen rápido a los que dormían. Mientras lo hacían, vinieron más ángeles y despertaron ya a todos “con música celestial y coro a cuatro voces”. Se armó el taco, Se tropezaban los pastores entre ellos y parecían sonámbulos.

- Que sí, tíos, que es verdad –decían los del turno de guardia-. Total, que se armó la marimorena, que buscaron algo que regalar al Niño, que corrieron como liebres, y que fueron los primeros que supieron que Jesús nació en Belén. Lo encontraron con su Madre y con José. ¡Qué tíos con suerte! Fue la primera Navidad.

Por Xavier Ilundain
Revista Gesto, diciembre 2013
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