Un poco de historia de los Sembradores de Estrellas

Miles de niños en España salen a las calles, como Sembradores de Estrellas a felicitar la Navidad de parte de los misioneros. Esta actividad misionera empezó hace casi 40 años



Hablamos con el fundador de la iniciativa Sembradores de Estrellas, Xavier Ilundain, SJ, que recuerda con cariño los inicios. Aquello que empezó hace más de 36 años dentro de la ciudad de Madrid se vive hoy, en toda España. Siete millones de estrellas están a la espera de llegar a las solapas de los abrigos de los españoles y a hacer de las calles Navidad misionera.

¿Cómo nace Sembradores de Estrellas?
Andaba yo dándole vueltas a cómo decir a los chicos que se puede dar algo a cambio de nada. En aquel momento, en el Domund salían muchos niños a pedir dinero, incluso con guitarras. Había chavales que hacían pinturas en el suelo con tizas de colores. Buscábamos esquinas grandes de la calle, donde la gente pudiera caminar sin pasar por encima.
En fin, en el Domund se salía para pedir para las misiones. Y dije “tendríamos que se capaces de dar las gracias a la gente, por ejemplo en Navidad, en nombre de los misioneros”. Y así nació. Se puede dar algo gratis, y además agradecer los donativos del Domund.
Pensé yo: “Si editamos unas pequeñas estrellas adhesivas, cada chaval compra las suyas -de tal manera que es el mismo crío el que hace el regalo a las personas de la calle-, y les decimos que no se puede pedir ningún aguinaldo… Conseguiremos que a través de esto aprendan; y la gente con la que se cruzan, también”

¿Cómo os organizasteis?
Me empecé a reunir con delegados de los colegios, incluso les escenificaba cómo había de hacerlo: “¡Déjeme que le haga un regalo!”. Era importante recalcar que si se iba a pedir aguinaldo, era mejor no usar las estrellas.
Lo lanzamos y funcionó muy bien. Tengo que agradecer a quien coordinó todo esto, que fue Sor Carmela Suances. Ella se organizó para convocar a los colegios y editar las estrellas. En la primera edición hicimos 300.000 estrellas para Madrid –porque la iniciativa surgió a través de la delegación de misiones de Madrid-, pero no nos bastaron.

¿Cuál fue la reacción de la gente?
La idea prendió muy bien y sorprendió a la gente. Tengo guardados artículos de prensa que dicen, sorprendidos, que había niños que salían a repartir estrellas y que no pedían nada a cambio. Copábamos Madrid, porque pusimos gente en todas las bocas de Metro, para que todo el que pasara se llevara su estrella. También estábamos en las estaciones, en el aeropuerto… en los sitios principales de Madrid.  Al final de la mañana empezábamos a reunirlos en algunos sitios para despedirnos y felicitarnos nosotros la Navidad. Yo estaba cerca del estadio Santiago Bernabéu, con un megáfono, recuerdo.
Esto cundió tanto, que un día el Ayuntamiento de Madrid nos ofreció prepararnos un tablao en la puerta del Sol, y por supuesto lo aprovechamos. Empezamos a reunir a todos los grupos al final de la mañana en la Puerta del Sol. Allí hacíamos algún número de escenificación, cantábamos villancicos, hacíamos alguna obra de teatro que yo fui escribiendo. Por último, hacíamos un lanzamiento de globos, dentro de los cuales poníamos una tarjeta cada uno de nosotros, para dejar un recuerdo en el aire. Lo curioso es que nos contestaron de algunas provincias limítrofes de Madrid, donde habían llegado nuestros globos. Terminábamos rezando un Padrenuestro, y se nos unía muchísima gente.

¿Recuerda algún momento de especial importancia en los primeros años?
Sí. Pensamos que si estábamos repartiendo estrellas a todos los madrileños, ¿por qué no ir también al Ayuntamiento? Concertamos una entrevista con Tierno Galván, que estaba muy enfermo en ese momento. Nos preparamos un grupo de chavales de 6º de primaria, con un breve discurso. A los días, nos llamaron para suspender la audiencia, porque Tierno Galván estaba muy delicado. Curiosamente, a petición de él mismo, nos volvieron a conceder la entrevista.
Fuimos allí, y fue una entrevista breve pero sustanciosa. Nada más entrar, nos dijo: “Chavales, un alcalde no tiene tiempo para pensar nada más que en lo que va a hacer en las dos horas siguientes, y no puede detenerse en las cosas del espíritu que son las importantes. Vosotros me vais a ayudar”. Leímos el discurso en el que le decíamos con cariño: “Don Enrique, en el último año nos hemos acordado mucho de usted. Nosotros por nuestros amigos rezamos, y usted es un buen amigo nuestro”.
Al acabar el discurso, el alcalde dio un beso al chaval que lo pronunció y nos animó a cantar dos villancicos, después del los cuales nosotros insistimos en que no queríamos quitarle más tiempo. Él nos respondió que le ayudábamos a pensar en las cosas importantes, así que nos animó a cantar un tercer villancico. Después, repartimos estrellas a todo el personal que nos encontramos en el ayuntamiento y seguimos nuestro recorrido por Madrid. Tierno Galván falleció 15 días después de recibirnos, hizo un esfuerzo importante.
También recuerdo que un año la reina fue al mercadillo de la Puerta del Sol y salió en portada de ABC llevando una estrella nuestra. Llegaron a acompañarnos los alcaldes Fernando Sagú y Álvarez del Manzano.
Cuando se acabó la posibilidad de reunirnos en la puerta del Sol, se empezaron a hacer las celebraciones del envío antes de salir, en las parroquias.

¿Cuándo se da el salto a otras diócesis?
En seguida, otras diócesis se animaron a sembrar estrellas. La iniciativa había nacido en el seno de la delegación de misiones de Madrid, por eso nos habíamos limitado a la capital. Comenzamos con 300.000 estrellas, y llegamos a 12 millones. Era bonito el hecho de que cada chiquillo compraba sus estrellas, lo que costaba imprimirlas. A los tres años, se sembraba estrellas en toda España.


¿Tiene hoy sentido Sembradores de Estrellas?
Sí, por supuesto, por el sentido gratuito que tiene.  Si bien es cierto que hay que cuidar muy bien la preparación. Yo me reunía con los colegios y les animaba a que no tuvieran miedo a salir a la calle con los profesores, que no pasa nada. Les animaba a ir a las afueras de Madrid, no sólo al centro. El hecho de que se puede regalar algo sin esperar nada a cambio, deja huella.



¿Cómo animaría a un colegio a retomar esta iniciativa?
Sembradores de Estrellas es lo contrario a la campaña comercial de Navidad. Es una novedad en las calles el hecho de que la gente regale por regalar. Es una experiencia que enseña mucho a los chicos, y que les sirve para todo el curso. ¡Se contagia a los compañeros de clase!


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